Liderazgo, vocación y desarrollo profesional

En líneas generales, el objetivo de cualquier proyecto es encontrar soluciones a un problema. La búsqueda de esas soluciones la podemos iniciar de dos maneras: creando todo desde cero o trabajando sobre algo ya hecho.

Crear todo desde cero requiere de mucho trabajo, además de gente con iniciativa y capacidad para inventar soluciones nuevas a medida que avanza el proyecto. Éste enfoque tiene el beneficio de ser estimulante y satisfactorio, más que nada porque como genios creadores nos llevamos todo el crédito; pero también corremos el riesgo de “reinventar la rueda” una y otra vez, es decir, volver a crear soluciones que ya habían sido creadas, desarrolladas e implementadas por otros, lo cual convierte nuestro trabajo en un simple desperdicio de tiempo y recursos.

Trabajar sobre algo ya hecho requiere de tanto o más trabajo que el enfoque anterior, de personas con iniciativa y capacidad para generar soluciones pero sobre todo para encontrar, adaptar y mejorar soluciones existentes. Es estimulante y también satisfactorio, aunque no por nuestro genio creador sino porque apoyarnos en el trabajo de quienes nos precedieron nos permite encontrar las mejores soluciones, esas que permiten ahorrar tiempo y recursos.

En razón de lo anterior, iniciar “apoyados sobre hombros de gigantes” es, desde todo punto de vista, la estrategia más adecuada para desarrollar un proyecto como la Asociación Uruguaya de Entrenadores de Voleibol (AUEV). Y a la hora de buscar esos “gigantes” hay uno que, si no es el único, es el que se desataca como caso de éxito: la American Volleyball Coaches Association (AVCA).

De esta asociación tomamos todo lo que resulta aplicable a nuestro entorno, en particular nuestra misión y valores fundamentales como el liderazgo y el desarrollo profesional, pero destacando además el aspecto vocacional que lleva consigo enseñar uno de los deportes más difíciles de aprender. Ahora bien, ¿qué implican estos valores?

Liderazgo

La definición de liderazgo aplicada a un entrenador diría que es el conjunto de habilidades que posee ese entrenador para influir en la forma de ser o actuar de sus jugadores, de modo que trabajen con entusiasmo hacia el logro de los objetivos.

La forma o estilo con que el entrenador ejerce esa influencia suele estar determinada por su personalidad, pero hay dos aspectos que resultan fundamentales para un liderazgo exitoso y se pueden resumir en una frase: el entrenador debe saber de lo que habla y sustentarlo con el ejemplo.

Para Julio Velasco, “uno tiene carisma si habla de lo que sabe. Si habla de algo que no sabe, por más que sepa hablar, que tenga personalidad, que tenga carácter fuerte, los demás, el equipo —en éste caso serían los jugadores—, rascan y ven que hay debajo de la pintura. ¿Hay aglomerado o hay madera de la buena? Si rascan y ven que hay aglomerado no perdonan. Yo no sé de fútbol como para ser entrenador de fútbol, no podría hablarle a los jugadores de fútbol y que me tuvieran el respeto que me tienen los jugadores de vóley. Porque saber no es tener información, hoy información tenemos todos de fútbol. Saber es conocer en profundidad, que es mío el conocimiento, no es que me llegó información de afuera. Conocer los secretos, los detalles. Yo al jugador de vóley le digo, ‘¿por qué no hacés esto? Probá esta solución.’ Y le funciona. Entonces el jugador dice, ‘a éste tipo lo voy a escuchar porque me funciona.’ Ahora, si le hablo en general y le digo ‘el ataque tiene que ser así…’, en general, a los jugadores no les gusta eso, porque les suena a un tipo que está repitiendo lo que leyó en un libro de vóley, no que conoce de vóley. Es experiencia, es conocimiento.”

Es importante notar que Velasco no habla del carisma —una característica habitual en los líderes— como habilidad innata del entrenador, sino que lo relaciona con conocimiento y experiencia. ¿Por qué? Porque el liderazgo no es una habilidad de todo o nada, algo que tenemos o no tenemos. El liderazgo se puede aprender, de hecho, se debe aprender. Como todas las formas de interacción social, podemos desarrollar nuestro liderazgo con esfuerzo, tiempo y práctica.

Para Bernardo de Rezende, toda institución —llámese empresa, familia o equipo de voleibol— posee principios y valores esenciales que no son negociables. El líder es aquél que respeta la esencia y la utiliza para motivar a las personas, no permite transgresiones y da el ejemplo —hace lo que dice para que los demás hagan. Pero si el líder se muestra desconocedor de los detalles y de las técnicas, o es poco esforzado, será imposible que el equipo lo tome como ejemplo. Y el liderazgo sólo se sustenta con el ejemplo.

Bernardinho no es original en esto, ya en 1952 Albert Schweitzer decía que, para influenciar a otros, “el ejemplo no es lo principal. Es lo único.” Pero no sólo para sustentar el liderazgo sino también para definir al equipo, porque éste es el reflejo del entrenador. Los jugadores que trabajan duro, con pasión y buscando ser mejores cada día, son los que tienen como ejemplo a su entrenador.

Vocación

Un aspecto común entre los entrenadores de voleibol es la vocación por su deporte o, utilizando un término más adecuado, su pasión.

John Forman y Mark Lebedew entrevistaron a grandes entrenadores de voleibol de todo el mundo, en un proyecto que denominaron Volleyball Coaching Wizards (en español, Magos del Entrenamiento de Voleibol). En esas entrevistas, los Magos coincidieron en que si queremos entrenar y ser buenos durante mucho tiempo, la pasión es lo que nos mantiene comprometidos. A diferencia de otros deportes, los entrenadores de voleibol continúan trabajando durante treinta o cuarenta años. ¿Por qué? Porque lo aman. Si no te apasiona, será muy difícil que te conviertas en un entrenador exitoso a largo plazo.

Giovanni Guidetti lo expresa claramente: “Éste no es un trabajo que puedas hacer sin una pasión increíble. Tal vez puedas hacer todos los trabajos en éste mundo bien, pero en el voleibol ni siquiera vas a llegar al promedio sin pasión. Es la base de todo.”

Para Forman y Lebedew, lo que Guidetti intenta expresar es que nunca podemos permitir que entrenar se convierta en un “trabajo”. Las personas obligadas a hacer algo fuera de su responsabilidad no invierten tanto de sí mismas. No ponen la energía y el tiempo para dominarlo y hacer un gran trabajo. Para ser realmente bueno entrenando, o cualquier cosa realmente, debes invertir en ti mismo. Y como dice Guidetti, no podemos hacer eso sin tener una pasión increíble.

Además, la pasión de la que estamos hablando no refiere solo al entrenamiento. También es una pasión por el voleibol en sí. Los grandes, incluidos los Magos entrevistados, tienen pasión por el entrenamiento y pasión por el voleibol. Realmente, es el requisito número uno para lograr algo grandioso en la vida, y el entrenamiento es una de esas cosas.

Desarrollo profesional

El “aprendizaje de por vida” es un eslogan que se maneja en muchas áreas, pero para un entrenador de voleibol es realmente una necesidad. Los Magos coincidieron en que el segundo requisito para un gran entrenador es un compromiso con el aprendizaje continuo. ¿Por qué? Porque si no continuamos aprendiendo corremos el riesgo de hacer siempre lo mismo.

Tod Mattox es muy claro al respecto: “He estado entrenando 30 años, pero hay entrenadores que han estado entrenando 30 años dirigiendo la misma temporada durante 30 años. Ellos no son mucho mejores de lo que eran el primer año. Yo tengo que mejorar.”

Todos los Magos hablaron de la necesidad y el deseo de estar constantemente estudiando cómo entrenan, cómo otros entrenan y encontrar la manera de mejorar continuamente. Además —y aquí surge un aspecto muy interesante— esto lo hacen no solo como entrenadores, sino como personas, como individuos y como partícipes de relaciones con otros.

El consejo que estos entrenadores nos dan remite mayormente a salir ahí afuera, ver a otras personas entrenar, hablar con otros entrenadores y en líneas generales permanecer involucrados.

Mick Haley lo extiende aún más allá: “Todo se trata de obtener tantas experiencias como sea posible en la cantidad más corta de tiempo, para volverte experimentado, para darte más información para tomar decisiones… sumergirte en el deporte, asistir a cada gran reunión de entrenadores y sacarle partido a los conocimientos, hacer preguntas, escuchar y observar. Ir a todas las clínicas que puedas y brindar tus servicios. Realizar tantas clínicas como puedas. Asegurarte de convertirte en un especialista en tu deporte y alguien que también puede proporcionar información, además de escuchar, pensar en ello y conversar con otras personas al respecto.

La misión de la AUEV es promover el deporte del voleibol con los entrenadores como referentes de estos valores. Para lograrlo, los entrenadores debemos mantener viva nuestra vocación —o pasión— por el entrenamiento y también por el voleibol. Debemos liderar con nuestro conocimiento y experiencia, dando el ejemplo. Lo que nos lleva al desarrollo profesional, y una frase de Aristóteles permite darle un enfoque adecuado: “Nosotros somos lo que hacemos repetidamente… La excelencia, entonces, no es un acto, es un hábito.” Debemos entonces hacer del aprendizaje un hábito, para convertirnos en los mejores entrenadores que podemos ser.

Licenciado en Análisis de Sistemas y Entrenador Nivel II FIVB. Jugaba al rugby hasta que un pasaje por Bohemios lo vinculó al voleibol. Luego pasó por Neptuno, Pelotaris de Paysandú, COETC y Universidad ORT Uruguay. Como entrenador dirigió en juveniles a Bohemios, Nacional y selección de Montevideo, y en adultos a Universidad ORT Uruguay.